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EVENTOS CULTURALES
El alambrado en Argentina (1845-1945)
Historia del alambrado: la transformación del campo argentino en una exhibición única
Una exhibición en la Universidad Católica Argentina, UCA, reconstruyó la historia del alambrado, un material y técnica que transformaron la gestión agroganadera en el país. La muestra incluyó los primeros rollos de alambre que llegaron a Argentina en 1845, traídos por Richard Blake Newton, un hacendado inglés y uno de los fundadores de la Sociedad Rural Argentina. La exposición también reveló cómo un paseo casual por el condado de Yorkshire inspiró una solución para uno de los mayores conflictos entre propietarios de estancias argentinas
14 de noviembre de 2024
Su silueta es inseparable de cualquier postal del campo argentino. La muestra El alambrado en Argentina (1845-1945), presentada en el Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina (UCA), relató su historia a través de objetos, fotografías y documentos.

Fotos: Ferias & Congresos
La exhibición contó con dos destacados curadores: Cecilia Cavanagh, directora del Pabellón de las Bellas Artes de la UCA y miembro de las Asociaciones Argentina e Internacional de Críticos de Arte (AACA y AICA), y Abel Alexander, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía, vicepresidente del Archivo y Museo Histórico del Partido de San Miguel y miembro de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina.
Fotos: Ferias & Congresos
Cavanagh y Alexander emprendieron la meticulosa tarea de reconstruir la historia de un material que, hasta fines del siglo XIX, era desconocido en la Argentina y que se convirtió en pieza fundamental de la expansión del modelo agroexportador. Lograron reunir piezas originales de los primeros cien rollos de alambre que llegaron al país en 1845, así como herramientas pioneras utilizadas para alambrar y una selección de obras que sumergieron al espectador en el significado y la trascendencia del alambrado.
Fuente: Sociedad Rural Argentina (SRA). Recopilación: Editorial Ferias & Congresos.
Recopilación: Editorial Ferias & Congresos.
Richard Blake Newton, hacendado inglés y uno de los fundadores de la Sociedad Rural Argentina, fue el primero en traer alambre al país. Compró el material en la fábrica Rodger Bert & Sons y lo envió desde Liverpool hacia Argentina. Parte de ese cargamento se exhibió en las vitrinas del Pabellón de Bellas Artes, junto con una muestra de los 578 rollos de alambre importados por el cónsul prusiano Franz Halbach en 1855.
Fuente: Archivo General de la Nación (AGN).Recopilación: Editorial Ferias & Congresos.
Fuente: Biblioteca de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Recopilación: Editorial Ferias & Congresos.
“Y de los que siguieron arribando, todos de diferentes características y de un fenomenal grosor en hierro, colocados junto a postes, varillas e interesantes y variadas herramientas. Objetos conservados a lo largo del tiempo, otros recogidos por el respeto que generan, conmemorando la productividad ganadera y agrícola en la que resultó su implementación, y la heroicidad del alambrar, tarea realizada bajo cualquier condición climática, adversidad y desafío”, afirmó Cecilia Cavanagh.
Abel Alexander agregó: “Con una superficie de 3.761.274 km², la Argentina ocupa el octavo lugar entre los países más grandes del mundo; en ese inmenso contexto geográfico y, hacia el año 1845, se introdujo la gran novedad del alambrado, un hito de la modernidad que cambió profunda y permanentemente la realidad de nuestros campos”.
Desde que los colonizadores trajeron las primeras cabezas de ganado bovino, ovino y equino desde Europa a mediados del siglo XVI, estos animales se multiplicaron sin pausa. “Rápidamente, conformaron enormes rebaños que pastaban libremente. Esta situación —origen de severos conflictos de propiedad sobre la tierra y el ganado entre estancieros— cambió drásticamente con la implementación del alambrado perimetral, novedad absoluta que tuvo en Richard Blake Newton a su figura fundadora”, recordó Alexander.
El historiador describió a Newton como el “padre del alambrado argentino”. Nacido en Londres en 1801, Newton llegó a Buenos Aires en 1819. Allí se casó con María de los Santos Vázquez, con quien tuvo 15 hijos. En 1834 adquirió su propia estancia, “Santa María”, en Chascomús. En 1844, durante un viaje a Inglaterra con sus hijos Ricardo y Enrique para inscribirlos en un colegio británico, mientras paseaba con ellos por el condado de Yorkshire, observó por casualidad unos gruesos alambres en la propiedad del Conde Fitzwilliams. Estos alambres formaban un corral que mantenía a los ciervos del aristócrata bajo resguardo.
Fuente: Ignacio Iriarte. Recopilación: Editorial Ferias & Congresos.
Newton pensó en los conflictos de límites que frecuentemente surgían en las haciendas argentinas, donde los cercos se hacían con zanjas o cercos vivos, y decidió comprar alambre inglés para instalar en su estancia en Chascomús. “Lamentablemente, su primer envío de alambres se hunde junto con el velero Jonathan Fells; pero este contratiempo no desalienta a Don Richard, quien, por carta del 25 de septiembre de 1845, solicita a la firma Rodgers Bert y Cía. de Liverpool una nueva remesa de 100 atados de alambre de 150 yardas cada uno y 500 varillas de fierro, material con el cual cerca la quinta, el jardín y hasta el parque de su casco de estancia”, relató Alexander.
El éxito de esta iniciativa fue notable. “La inteligente iniciativa rural tuvo cada vez más repercusiones entre los dueños de campos, en especial en la Cuenca del Salado, donde laboriosos inmigrantes ingleses, escoceses e irlandeses, y sus conexiones con la poderosa industria del Reino Unido, facilitaron la expansión del alambrado”, agregó Alexander.
Fotos: Ferias & Congresos
Corina Deil, tataranieta de Newton, fue invitada de honor a la muestra, en la que se exhibió un libro escrito por su padre sobre la historia de los Newton. “Uno de los postes negros que se pueden ver en la muestra es de los que puso Richard Blake Newton. Es una torniqueta, donde pasan los alambres y se estiran; data de 1845. Todavía la tengo en mi propiedad, y me la pidieron prestada para exhibirla. Accedí con gusto, porque es un orgullo que se recuerde la historia de los pioneros de nuestro campo”, comentó.

Fotos: Ferias & Congresos

Chascomús fue el epicentro de la revolución del alambrado, que rápidamente se extendió por todo el país. En esta ciudad bonaerense, que homenajea a Newton con un busto en su casco histórico, funciona el Museo del Alambrado. “No podía no haber un museo del alambrado en Chascomús, porque ahí nace el alambrado”, comentó Oscar Alfredo Carrigal (▴ foto)-, coleccionista y fundador del museo.
Su colección comenzó hace 30 años con unas torniquetas cuadradas. “Después seguí con las de medio cajón, en forma de U, que se llaman voladoras porque van en los alambres. Luego agregué estiradores y torniqueteros de hierro. Me dediqué a esto y a divulgarlo porque el alambrado llega en 1845, pero recién 110 años después, en 1955, un médico pediatra, Noel Esbarra, publicó la historia del alambrado en Argentina, con una investigación impecable”, explicó Carrigal.
Carrigal también es descendiente de Newton. “Cora y Tere Newton, que vivían en Chascomús, trajeron de Inglaterra a su sobrino Jorge Palmer cuando la empresa de Richard Newton empezó a crecer. Él era hijo de Sara Newton y, en 1850, hizo una parada en Chascomús, donde conoció a Eusabia Carrigal, mi tía tatarabuela. Se casó con ella, y así surgió la segunda rama de los Newton en el país. El alambrado fue algo tan importante, fue la raíz de la ganadería y la agricultura”.
Hoy el museo cuenta con alrededor de 310 piezas. “He comprado algunas cosas, pero la mayoría me las ha dado la gente. Por eso digo que este museo no es mío, es de la gente. Ahora estoy donando la colección al municipio de Chascomús, y estamos buscando un espacio físico para que todos puedan visitarla. Hay planes de instalarlo en Don Cipriano, un paraje donde vivió Cipriano Newton, el hijo del alambrador”, detalló Carrigal. En 2025 se celebrarán los 180 años de la llegada del alambrado. “Se espera hacer una gran celebración, y veremos si logramos inaugurar el museo a tiempo”, adelantó muy entusiasmado el coleccionista.
La expansión del alambrado impulsó la demanda de nuevos proveedores. “El cónsul de Prusia en Buenos Aires, Don Francisco Halbach, propietario de la antigua estancia Los Remedios, en lo que hoy es el aeropuerto de Ezeiza, adquirió en Alemania todo el alambre necesario y, hacia 1855, cercó su propiedad con cuatro hilos de alambre y fuertes postes de ñandubay. Fue la primera estancia del país en ser cercada en todo su perímetro, y su ejemplo pronto fue imitado por otros propietarios rurales. Incluso los gruesos alambres sirvieron como hilo conductor en la antigua telefonía rural, conectando el casco de las estancias con sus puesteros, como nos señala el historiador telefónico Mario Tesler”, relató Alexander.
Los descendientes de Halbach también asistieron a la muestra. “Mi bisabuelo, Remigio González Moreno, se casó con una de las hijas de Francisco Halbach, el cónsul de Prusia en Buenos Aires. Mi tío bisabuelo, Antonio González Moreno, se casó con otra de las hermanas, y de esa rama desciende el pintor que hizo el cuadro de San Martín y el Aula Magna de la Facultad de Derecho. Remigio González Moreno fundó un pueblo en el límite entre Buenos Aires y La Pampa; tenía tierras allí y donó terrenos para la estación y diseñó el pueblo, que hoy tiene unos 2000 habitantes”, contó Mariano González Moreno.
Alexander subrayó que “la saga de alambrar campos dedicados a la ganadería y agricultura fue un esfuerzo considerable por lo costoso, pero marcó un antes y un después en la explotación agropecuaria. Rápidamente, surgieron industrias y el comercio relacionado, involucrando a las fuertes casas importadoras de Buenos Aires y otras ciudades del interior. También se expandieron las industrias madereras para la fabricación de postes y tranqueras. Surgieron nuevos oficios, como el del alambrador, con sus esforzados trabajadores anglosajones o vascos”.




Fotos: Ferias & Congresos
Retratos camperos
La muestra presentó una notable colección pictórica. Entre las obras exhibidas, se incluyeron acuarelas de Emeric Essex Vidal, pionero en capturar escenas de la vida pública en Buenos Aires y Montevideo durante el período de 1816 a 1823. “Domina la inmensidad de las pampas, donde destacan el vacío y la ausencia de cercos o alambrados”, comentó Cavanagh.



También se mostraron ambrotipos de 1860 atribuidos a George Corbett, con algunas de las primeras imágenes del alambrado en Argentina, y una selección de fotografías de los hermanos Samuel y Arturo W. Boote (1844-1921), “los más prolíficos productores de álbumes fotográficos sobre paisajes y costumbres argentinas, quienes abarcaron numerosas provincias en expediciones propias o por encargo, mostrando el alambrado en el siglo XIX”, continuó Cavanagh.
La exposición incluyó chapas esmaltadas de publicidad con slogans como “Invencible San Martín. Compre el púa de alta resistencia. Doble zincado”, además de marcas británicas como The Whitecross Company Limited o Gorgon.
Se destacó también una colección de obras gauchescas que representaron personajes y paisajes del interior productivo. Entre ellas, se expusieron reproducciones de las tintas de Alberto Güiraldes y Pepe González Guerrico, junto con ilustraciones de autores anónimos de libros, y obras de Francisco Madero Marenco, Di Taranto, Jorge Frasca, Carlos Montefusco y Rodolfo Vedoya, todas con el alambrado y el campo argentino como común denominador.
Cecilia Cavanagh expresó su agradecimiento a todos los que contribuyeron a reconstruir la historia del alambrado argentino: “Quiero expresar mi gratitud al coleccionista Oscar Carrigal, quien durante tantos años reunió la mayor parte de las piezas expuestas; a la Municipalidad y a la Escuela de Alambradores de Chascomús; a la Academia Nacional del Folklore; a la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía; a la Sociedad Rural Argentina; a Coninagro; a la Federación Agraria Argentina; a Confederaciones Rurales Argentinas; a coleccionistas privados; a artistas; a instituciones; a academias; y a museos, por sus colaboraciones y auspicios, y por la generosidad con la que muchos entusiastas nos asistieron con su trabajo y apoyo”, destacó.

